el fogon de meg

La cocina donde se elaboran las artes culinarias, la Historia, la medicina, los alimentos, las escuelas gastronómicas, y, por supuesto, las "fórmulas magistrales". O sea, las recetas.

viernes, 21 de mayo de 2010

POESÍA EN LA COCINA



EL FLORIÁN

   Luis de Góngora, el escritor del Siglo de Oro español coetáneo de Lope de Vega y Quevedo, solía aprovechar sus cualidades literarias para atacar o vengarse de sus contrincantes o enemigos. Famosas son las espístolas y versos que se intercambiaron frecuentemente él y  Quevedo Así compuso una décima burlesca dirigida al Serenísimo Infante, el Cardenal Don Fernando, pidiéndole una empanada de capón en mazapán que  había enviado para Góngora el Conde de Villaflor, caballero portugués bien relacionado con el prelado, y que, al parecer, éste se quedó con ella.

Un conde prometedor
que Portugal dio a Castilla, 
(tal conozco yo su villa
como conozco su flor)
me remitió a Vos, Señor,
para que me deis, en pan
y en adobo, un Florián,
suavisimo bocón
si le visten al capón 
sotana de mazapán.

   Era una forma gongorina de insultar disimuladamente  al ilustre prelado, el infante don Fernando de Austria (cuyo retrato aparece aquí debajo), por  quedarse con la empanada en lugar de enviarla a su destinatario.



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domingo, 25 de abril de 2010

POESÍA EN LA COCINA



LA VIDA POLTRONA

Haga yo mi olla
con sus pies de puerco,
y el llorón judío
haga sus pucheros.
Denme a las mañanas
un gentil torrezno,
que, friendo, llame
a los cristianos viejos.
Tripas de la olla 
han de ser revueltos,
longanizas largas
y chorizos negros.
Por ante la hambre
y por postre luego,
un ahito honrado
de vaca y carnero.
Dulce no lo como, 
porque no pretendo
volverme yo abeja 
ni colmena mi cuerpo.

Francisco de Quevedo

   El poeta hace aquí un juego de palabras al mismo tiempo que elogia la olla podrida, que llevaba carne de cerdo, rechazada por los judíos y los árabes. En el cuarto y quinto verso hace un juego de palabras:  para pedirle que haga su comida, o sea sus pucheros aparte, segun su tradición,  llama llorón al judío porque los niños hacen "pucheros" antes de llorar, o sea gestos con los labios que anuncian la llantina.

(Foto: amigosdecolmenarejo.es)

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viernes, 16 de abril de 2010

POESÍA EN LA COCINA



BANDOS DEL AVAPIÉS.

Fue el caso que cierto día
vi que entró en Casa de Pedro
el tabernero, y con él
Perdulario, el zapatero.
Detrás de ellos entré yo; 
piden de beber, bebieron;
piden pan, piden sardinas 
y, para postres, pimientos...
... Y morcillas rellenando
y taránganas friendo...

Don Ramón de la Cruz describía así el menú de unos manolos, los habitantes del barrio madrileño del Avapiés, derivado luego en el Lavapiés actual, que estaban mal considerados en el resto de Madrid, en contraposición con los chulapos, los gatos y los majos, según el barrio del que procedieran. El Avapiés  fue la antigua judería de Madrid.

La tarángana era una morcilla muy basta que comían las clases populares en toda España.  Era un embutido relleno de los recortes de matanza, huesos piel y algo de picadillo.

(Dibujo superior: revistamadridhistorico.com)

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